Macri y el empresariado se reparten el país.


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Durante tres días más de 1.500 empresarios y directores ejecutivos participarán de un Foro de Inversión y Negocios que tendrá como organizador y anfitrión estelar a Mauricio Macri y al resto de los parásitos del gobierno. Bajo la máscara de la necesidad de inversiones que necesita el capitalismo nacional y el Estado Argentino solapadamente se reparten el país en un remate público.


Por redacción El Libertario.

 

El lugar que eligió el gobierno para organizar y recibir a la casta empresarial y a los numerosos CEOs de las empresas (muchos de ellos probablemente sean amigos y parientes) es el Centro Cultural Néstor Kirchner. En un clima de caos en las calles por las complicaciones que ocasionó en el tránsito -si ellos cortan está muy bien porque llevan corbata-, con un operativo de seguridad fuertísimo y con activistas protestando contra el “Davos argentino”, el gobierno maquilló cada detalle para alimentar el discurso de un país maravilloso y predispuesto al saqueo.

Fotografía La Nación.

Fotografía La Nación.

En una ceremonia suntuosa que comenzó con una cena, que se pagó con el hambre del pueblo, con una imagen de “primer mundo” y con un discurso esperanzador para los inversionistas, Mauricio Macri habló de una rápida mejora de la economía (que nadie ha visto realmente) y describió un país donde la oposición garantiza la gobernabilidad que necesita el capitalismo para continuar explotando sin mayores trabas y donde los y las de abajo no están en condiciones de generar un estado de conflicto social de carácter anti-sistémico. Además pidió a la burocracia sindical que tengan paciencia y que no molesten demasiado, condición importante para los inversionistas y para continuar construyendo poder (nada que no se pueda arreglar negociando con los patrones sindicales).

Un gobierno que está llevando adelante una política de flexibilización laboral y profundizando la precarización del trabajo dejada por el kirchnerismo, sumado a las desregulaciones y el ajuste fiscal y la apertura económica, además de los avances del aparato represivo y de control (otra vez, el kirchnerismo) convoca a los inversionistas a entrar en el país con las condiciones necesarias para el despojo sin demasiadas preocupaciones. Por ejemplo, a las desregulaciones sobre la minería que el gobierno impulsó a principio de año le sigue necesariamente una sonrisa y una palmada en la espalda de parte de las multinacionales que se dedican a la minería y que estuvieron en el Foro de Inversión y Negocios. En definitiva, para eso lo pusieron, ¿no?

Cuánto patriotismo.

Cuánto patriotismo.

El capitalismo internacional y sus facilitadores a cargo del Estado buscan profundizar el modelo neoliberal (que con la década de los gobiernos llamados progresistas no se terminó, sino que se mantuvo solapado en una falsa retórica y en la explotación de los bienes comunes) para poder expandir los mercados y comenzar un nuevo período de acumulación por saqueo como ocurrió en los noventa. Sin las recetas del Banco Mundial y sin la bonanza de la que disponían los gobiernos de la década anterior será difícil que la crudeza neoliberal no incube nuevos movimientos sociales y generen un estado de conflicto social. En este estado de cosas se hace difícil, además, creer que el neoliberalismo aplique las recetas del Consenso de Washington y la teoría macro-económica del “derrame” sin buscar aplacar el conflicto social mediante las técnicas de las políticas públicas que buscan eliminar la lucha de clases, domesticar a los movimientos sociales de carácter revolucionario y generar un estado de paz social que permita la expoliación y la explotación sin demasiadas turbulencias.

En esta coyuntura el movimiento anarquista se presenta como un refugio histórico del carácter revolucionario, antisistémico, que no pudo ni podrá, por su propia naturaleza, ser conmovido ni cooptado por los intelectuales ni por las técnicas del control de la población y la captación de los movimientos sociales que aplicaron los gobiernos durante estos últimos años seguidos de la crisis del capitalismo y del histórico “que se vayan todos”. Escenas como las que se vieron durante el Foro de Inversión y Negocios recuerdan a la década de los 90s y al avance ideológico de la derecha sin máscaras: es este contexto el que nos interpela y nos llama a tomar las calles nuevamente junto a los movimientos sociales de base y nos otorga nuevamente la responsabilidad de plantear la transformación social en el terreno de la lucha de clases y de radicalizar las calles hasta alcanzar un grado tal de autonomía que el grito anticapitalista se torne también un grito antiestatista y libertario.

Memorias del saqueo

Memoria del saqueo

 

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