Entrevista con un militante de la Acción Socialista Libertaria de Buenos Aires.


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Entrevista a militante de la ASL Argentina: “Nuestra corriente debe aportar a sacar las urnas del medio para transformar luchas en programas y programas en estrategias unitarias al Socialismo”.


Por José Antonio Gutiérrez D. Fuente: acá.


El movimiento libertario en Argentina, tan activo y pujante a comienzos de la década pasada, fue perdiendo ímpetu a medida que la crisis encontró una respuesta oficial en el desarrollo del kirchnerismo. Conforme el kirchnerismo se ha venido agotando como fenómeno político, los planteos libertarios, que nunca desaparecieron, comienzan a hacerse más visibles nuevamente. Dentro de estas iniciativas, destacamos el impulso que está recibiendo una nueva organización, la Acción Socialista Libertaria, espacio de convergencia de anarquistas veteranos de esas jornadas a comienzos de los 2000, y también de compañeros más jóvenes. Conversamos sobre esta experiencia y sus proyecciones con Hernán, un antiguo militante de la Organización Socialista Libertaria, entonces dirigente piquetero; hoy, él es militante sindical y uno de los impulsores de la ASL. Alguien dijo que los que luchan un día son buenos, los que luchan muchos años son mejores, y los que luchan toda una vida, son imprescindibles. Hernán es, no me cabe ninguna duda, de la categoría de los imprescindibles. Crítico pero esperanzado, hace una reflexión sobre la trayectoria colectiva del movimiento y su futuro de cara a los desafíos que se están poniendo por delante.

Mural conmemorativo de la masacre del puente Pueyrredón (2002), con imágenes de Kosteki y Santillán (

Mural conmemorativo de la masacre del puente Pueyrredón (2002), con imágenes de Kosteki y Santillán (“Darío y Maxi”), y una pintada de OSL. Símbolos de un ciclo de lucha en el cual los libertarios estuvieron en el corazón de los eventos.

 

1. ¿Por qué lanzar la iniciativa de Acción Socialista Libertaria en estos momentos?

Desde hace alrededor de cuatro años una serie de militantes territoriales, sindicales, feministas, estudiantiles y de DD.HH, nos comenzamos a juntar para debatir una coyuntura compleja y rica que nos atravesaba en nuestros espacios de inserción. En determinado momento se agotó esa dinámica y nos empezamos a plantear la necesidad de una herramienta política. Analizando el panorama veíamos que desde lo libertario no había una Organización Política que nos interpelara o nos contuviera; aún cuando lo intentamos acercándonos a compas que tenían planteos similares.

Pensábamos que debíamos debatir algunos temas que desde el socialismo libertario no se habían reactualizado en nuestro país, como la visión que teníamos del Estado, de la construcción de Poder Popular, de nuestra Clase y de la participación en instancias electorales burguesas, que muchas corrientes hermanas se lo estaban preguntando. En el camino nos encontramos con grandes coincidencias ideológicas y, honestamente, muchas dificultades para poder desarrollarlas.

Cada vez se fue haciendo más evidente el vacío dejado por las alternativas políticas extraparlamentarias y de inspiración libertarias y nos propusimos comenzar a contribuir a su rearme teórico, programático y orgánico desde nuestro incipiente núcleo político; primero sin necesidad de salir a la luz pública. Ahora nos encontramos con un techo y nos planteamos la necesidad de tener una vida pública como organización política libertaria, aun cuando nuestras humildes fuerzas y energías estén volcadas casi íntegramente en la militancia de base y en las organizaciones populares.

La oportunidad de lanzar ahora la iniciativa públicamente pasa entonces por la necesidad que evaluamos de referenciar a toda una franja de militancia libertaria y extraparlamentaria que está inserta en diversas organizaciones sociales y de base pero que no se está organizando políticamente. Vemos esa necesidad y queremos aportar humildemente a su construcción en la zona donde vivimos y militamos, que es el Gran Buenos Aires, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y La Plata; más algunos compas en Córdoba.

En determinados momentos existió en el anarquismo un debate lamentable sobre si participar o no de las organizaciones sociales, totalmente superado; luego si existía la necesidad de la construcción más política; y ahora vemos que se está insistiendo en articular en un mismo espacio lo político y lo social, muchas veces por falta de fuerzas. Y nos encontramos con cantidad de compañeros y compañeras que terminan agrupándose políticamente en organizaciones partidarias no libertarias o esfumándose sus esfuerzos en el ámbito social y popular por no tener un espacio de análisis estratégico específico.

Ahora mismo vemos que tenemos la obligación de sentar posiciones y avanzar en síntesis y acuerdos dentro del anarquismo organizado y militante, por un lado, y de la izquierda revolucionaria, por el otro; para construir un vector que sea protagonista del movimiento popular que está regenerándose en nuestro país. Obligación que la entendemos, sobre todo, por la compleja etapa que se nos avecina en nuestro país con el triunfo de la derecha neoliberal en las elecciones presidenciales y que pensamos puede expandirse en toda la región.

2. ¿Qué aporte creen que una nueva organización puede dar al movimiento popular argentino? ¿Cómo evitar crear una nueva sigla que queda como una mera anécdota más?

En muchos de nuestros debates analizamos la necesidad de referenciar una voz y una propuesta libertaria. Pensamos que el aporte libertario pasa por desarrollar determinadas prácticas de articulación social con una marcada decisión a respetar la independencia de clase, la democracia directa y que el nudo de resolución de los conflictos sea la acción directa a todos los niveles. Muchos libertarios y libertarias venimos actuando, organizando y participando de diversas luchas pero no podemos salir de esa espiral por una incapacidad endémica de canalizar en experiencia y organización colectiva esos esfuerzos. Estamos en una etapa donde necesitamos pensar estratégicamente que viene después de la acumulación de experiencias y de fuerzas; qué se hace cuando se pueden dar saltos desde lo político.

Muchas corrientes hermanas, marxistas, guevaristas, consejistas, o de izquierda independiente, han visto la participación de sus organizaciones políticas y/o político-sociales en las elecciones burguesas como ese “salto” a lo político. Compartimos el diagnostico que debemos animarnos a pensar categorías y participaciones que superen lo reivindicativo y lo corporativo; que dialoguen con amplios sectores del pueblo trabajador y de su activismo; que comencemos a pensar en Programas realizables aquí y ahora pero que se conjuguen con la perspectiva y la finalidad socialista y, en nuestro caso, libertaria. Para muchas de estas corrientes que depositaban una expectativa en la arena electoral, el triunfo de la derecha en las urnas por primera vez en nuestra historia, puede poner en grandes interrogantes sus hipótesis de que amplios sectores sociales tendrían “grandes expectativas en las elecciones burguesas, ya que ven que parte de sus aspiraciones pueden resolverse allí” y desde esas concepciones se han aliado electoralmente con sectores de la centroizquierda intentando “dialogar” con supuestos sectores del “kirchnerismo de izquierda”. Muchas de estas corrientes ahora, de un día para otro, salieron a hacer declaraciones de “pasar a la Resistencia en las calles” luego de la derrota del candidato del kirchnerismo. Nos parece muy esquizofrénicos esos planteos, y nos parece que nuestra corriente socialista libertaria debe aportar a “sacar las urnas del medio” en el debate; no poniéndonos en pontificar verdades reveladas y puras desde algún púlpito ni tampoco dejar de denunciar el confusionismo que significa estratégicamente hacer un seguidismo a opciones policlasistas, socialdemócratas o del “peronismo de izquierda”; flaco favor le haremos así a la construcción de un pueblo trabajador fuerte con conciencia de clase e independencia política.

El segundo aspecto importante es en torno a este debate pero “por la positiva” que tiene que ver con las posibilidades de unidad objetiva y posible en el campo popular. Creemos que podemos ir hacia planteos comunes desde una perspectiva de independencia política y, repetimos, “sacando las urnas del medio”, dejando de lado algunos aspectos tacticistas para comenzar a transformar luchas en programas y programas en estrategias unitarias que se planteen el objetivo del Socialismo pero con los pies en la tierra. Y, cada vez más, estamos convencidas que deberá ser por abajo, desde las organizaciones sociales y populares, ensayando y errando hasta encontrar respuestas. Los acuerdos estructurales entre cúpulas partidarias no tienen plafón si no construimos un pacto popular por abajo y desde las organizaciones sociales y populares, las verdaderas palancas de transformaciones o de resistencia. Dentro de esta dinámica vemos que debemos aportar una visión libertaria, feminista y clasista de transformación revolucionaria.

Pero, por otro lado, y pensando en las “siglas” nos parece importante remarcar que realmente nos pensamos como un núcleo parte de una construcción mayor en nuestro país; hay muchos compañeros y compañeras con esfuerzos similares y creemos que debemos aportar humildemente a la construcción de una corriente de opinión libertaria que nos supere y englobe a la mayoría con las particularidades y trayectorias diversas.

3. Algunos de ustedes estuvieron en OSL… ¿qué les queda de esa experiencia? ¿Qué es lo que se traen y qué lo que dejarías atrás y darían por superado?

Somos pocos los que participamos de esta experiencia que hemos militado en OSL, y debe entenderse como algo totalmente individuales y parciales las opiniones; por respeto a las que militaron en OSL y por las que participan de esta nueva organización que son la grandísima mayoría y no han pasado por ella.

Creo no equivocarme si digo que la OSL tuvo tres grandes aciertos. El primero referido a poner en discusión y llevar a la práctica la necesidad de construir una organización política que desde el anarquismo participe activamente y con propuestas de la lucha de clases; partiendo de que, aunque parezca mentira, ese planteo en los ‘90s era algo total y patéticamente “novedoso”. Esa participación en la lucha de clases fue genuina y a todo o nada; podemos decir con orgullo que no nos guardamos nada, que la Organización se brindó al máximo de sus posibilidades en lo poco o mucho que podíamos aportar a la lucha de nuestro pueblo trabajador y que apostamos a no construir “sellos de goma” sino a sumarnos a organizaciones sociales que ya existían y a construir solamente nuevas allí donde no existiesen, promoviendo una sana lucha de tendencias en su interior. El segundo acierto fueron los esfuerzos por construir un estilo militante en las organizaciones de base que creo se mantiene en los compañeros y compañeras que participaron de esa experiencia y siguen militando por el cambio social, como son en su casi totalidad. OSL fue una experiencia que se mantuvo por más de 10 años, lo que no es poco para experiencias partidarias libertarias y se autodisolvió en el momento que su militancia dio por concluida la experiencia por opinar que poco o nada se estaba pudiendo aportar al campo popular en ese momento; lo que habla de no atarse a estructuras caducas dogmáticamente. El tercero, que creo que en ASL lo estamos o lo queremos potenciar, es plantear tres vectores transversales de nuestra militancia política y social: el clasismo, lo libertario y el feminismo. Podemos decir orgullosamente que nuestras compañeras de OSL fueron de las primeras en proponer en organizaciones sociales y piqueteras planteos y tareas anti-patriarcales que, gracias a muchas luchas, hoy se ven como intrínsecas a las organizaciones sociales pero por las que hubo que batallar y mucho con compañeros y compañeras que lo veían como algo “menor” o “secundario”; y que el clasismo fue una trabajosa recuperación dentro de un anarquismo con mucho de individualismo y cuasi liberal y una “nueva izquierda” bastante “antiobrera” y caricaturescamente “autonomista”. Un clasismo que intentaba abrevar en las mejores experiencias de nuestra clase y que intentábamos actualizar.

Creo que quienes pasamos por OSL es lo que “traemos” en nuestras mochilas de la experiencia.

Lo que uno dejaría atrás es la poca capacidad que tuvimos de generar teoría revolucionaria, de innovar en categorías, de desarrollar o aportar a construir un marco teórico. Creo que hemos militado muy “intuitivamente” en la base e hicimos del error una virtud en eso de “dejar todo” en la militancia social, lo que nos posibilitó grandes niveles de desarrollo e inserción pero poca profundidad y respuestas antes cambios de la etapa que se avecinaban. Otro aspecto “negativo” que analizo a la distancia fue un grado de soberbia y autosuficiencia en vernos como la única experiencia del anarquismo organizado y militante en esos momentos, como una contracara de una militancia social antidogmática y antisectaria. En el nivel partidario aparentamos lo contrario, lo que alejó las posibilidades de construir una organización a nivel nacional e importante cuantitativamente. Otro aspecto sumamente negativo fue no participar activamente en la militancia estudiantil universitaria, lo que nos quitó una caja de resonancia a nuestros planteos y propuestas y una falta de recambio y de construcción de cuadros; una miopía y sectarismo “obrerista” de catalogar como “pequeñoburgués” esa militancia por algunos de nosotros o totalmente secundaria por otros y otras.

Estas son cosas a superar y dejar realmente atrás.

4. ¿Qué balance hacen del período de enorme actividad organizativa que se vivió en la Argentina desde finales de los ’90 y alrededor del llamado Argentinazo y cómo creen que se pasó del “Que se vayan todos” al auge y declive del kirchnerismo? ¿Qué fuerzas se reflejan en este proyecto, que muchos en la izquierda latinoamericana ven como una expresión del llamado “progresismo”?

Como ASL nos debemos un análisis integral del período. Sí podemos plantear que fue sumamente rico y novedoso en muchos sentidos para la experiencia política de nuestra clase en el país y, me animaría decir, de gran parte de la región, todo ese período.

Quizás lo que se ve es que las fuerzas de izquierda revolucionaria no llegamos a tiempo y de la mejor manera al punto más álgido de las luchas de calles de la etapa, como fueron las Jornadas del 19 y 20 de Diciembre. Las organizaciones sociales, piqueteras y políticas éramos realmente muy jóvenes y nos encontramos superados, creo, por una coyuntura que se podría haber empujado realmente un poco más hacia una salida de la crisis en términos del QUE SE VAYAN TODOS, en términos de experimentos de desarrollo de Poder Popular avanzado. Como libertarios y libertarias vemos que potencialmente en su germen autónomo y en su desarrollo profundamente democrático y con la acción directa como principal herramienta de lucha, mucho había de socialista y libertario en el proceso; que no fue ni espontáneo y catastrófico, sino producto de una lenta y paciente intervención en las luchas sociales de mucha militancia de esa etapa.

Analizamos muchas veces todo lo que el kirchnerismo vino a recomponer institucionalmente a partir del 2003, pivoteando en algunas de sus políticas de inclusión, de DD.HH, de algún nivel de recuperación de puestos de trabajo y determinadas políticas latinoamericanas, cuyo punto más saliente fue el NO al ALCA en 2005. Todas habían sido banderas y programas de lucha de las organizaciones sociales del período anterior y que no supimos desarrollar profundamente.

El kirchnerismo fue la respuesta que algunos sectores de poder encontraron para cerrar todo un ciclo de luchas y de organización independiente, encausándola institucionalmente. Pero desde un punto de integrar a organizaciones populares que habían luchado en la década anterior contra el neoliberalismo, incorporando a mucha de su militancia a sus equipos de gobierno. Preferimos no utilizar la imagen de cooptación simplista o de compra de voluntades; sino que nos parece que dentro de los marcos del capitalismo y de la institucionalidad burguesa se avanzó o legisló sobre algunas luchas que veníamos llevando adelante.

En un contexto propicio a nivel internacional por el precio de los commodities y con una región latinoamericana, como bloque de negociación, más digna y sólida, el kirchnerismo vino representar el cambio “posible”; las reivindicaciones democráticas “necesarias” y plantear que nada había más a su izquierda que el propio abismo. Un sector de la clase media progresista de las grandes urbes, no pocas organizaciones sociales y piqueteras y una juventud militante post-conlicto con los terratenientes en 2008 fueron su base social; junto a una fracción importante de la clase obrera que veía con simpatía una recomposición salarial y un fortalecimiento del mercado interno. Esa base social convivía con una burocracia sindical mafiosa y empresarial, una importante cantidad de intendentes y gobernadores “ex” menemistas, que le brindaban control o disputa territorial con sus punteros y matones. Y representando principalmente a la mediana y pequeña empresa y a un campo que nunca tuvieron tantas ganancias como en el periodo. O de los acuerdos con la megaminería en una economía basada en el extractivismo.

Lo que no avanza, retrocede. Y claramente el kirchnerismo no pudo abstraerse luego de tres mandatos a un desgaste y un estancamiento que solo podía resolverse volcando la balanza hacia los profundos intereses populares o acompañar un supuesto giro a la derecha de la región. Colocando como su candidato a Daniel Scioli, no se pudo más que a reforzar la segunda opción: un candidato conservador y de derecha contra otro (Mauricio Macri) aún más conservador y de derecha. La derrota del kirchnerismo debe leerse como el cierre de su parábola y de la poca capacidad que tuvimos las fuerzas populares y revolucionarias de mostrarnos antas las amplias masas como una opción ante el avance de la derecha.

Dentro de la escena latinoamericana no podríamos poner en el mismo plano procesos como el venezolano o el boliviano que, aún con nuestras diferencias y precauciones, podríamos llamar, por lo menos en determinada etapa, como procesos en disputa y con contradicciones. Ninguna medida en nuestro país llevada a cabo por el kirchnerismo animó la construcción de espacios de poder popular, ni las empresas de servicios que se re-estatizaron, como Aerolíneas Argentinas o Aguas Argentinas o YPF, tuvieron o tienen ningún grado de participación en el control o la gestión de los trabajadores o usuarios. Ese es un dato fundamental para poder caracterizar al kirchnerismo en términos de proceso abierto en camino o intención de construcción del socialismo o de un reformismo burgués con despliegue de desarrollar tareas democráticas atrasadas.

5. ¿Cómo han vivido esa transición política en esta década como libertarios? Muchos, por ejemplo, pasaron de ser dirigentes piqueteros sin trabajo a activistas sindicales…

Bueno, realmente no somos extraños a las modificaciones que sucedieron en nuestro país.

Una característica que tuvo la experiencia del anarquismo en los años ‘90s y mediados del 2000 fue que tuvo un componente de clase trabajadora muy marcado, entonces nuestra situación no era proporcionalmente diferente al resto de la sociedad. La mayoría éramos jóvenes y estábamos desocupados y desocupadas, o con trabajados precarios o haciendo changas. Nuestro análisis que las principales luchas se iban a dar teniendo a las organizaciones de trabajadores desocupados como protagonistas y debíamos volcar esfuerzos allí no fue muy difícil de llevar adelante a la práctica porque nuestro componente era ese, vivíamos en los barrios donde militábamos y creábamos o fortalecíamos la organización de los MTDs con nuestros propios vecinos y vecinas desocupados y desocupadas.

A partir del 2006 aproximadamente analizábamos que debíamos ir ingresando a grandes centros de trabajo, los que podíamos, para poder desarrollar una experiencia de lucha sindical, ya que se preveía un reanimamiento de luchas sindicales y obreras. Algunos pudimos hacerlo, en mi caso siendo electricista, por ejemplo, y seguir nuestra militancia allí, aunque siempre en relación a las organizaciones sociales donde habíamos militado.

Hemos llegamos tarde y nuestro trabajo de inserción es realmente embrionario, con un disímil nivel de representatividad que se desarrolla básicamente a nivel de los lugares de trabajo y de los Cuerpos de Delegados de base; todavía sin aspirar a disputar a un nivel de representación más alto.

Un debate que teníamos era que debíamos desarrollar “nuestro FUNSA”, por la experiencia de la Federación Anarquista Uruguaya en el desarrollo de su militancia sindical en la fábricas de neumáticos FUNSA, que se convirtió en un símbolo de militancia obrera libertaria, y claramente todavía no lo logramos; eso de volcar esfuerzos militantes y políticos a un lugar simbólico y desarrollar a partir de allí toda una referenciabilidad y desarrollo.

Como ASL es un debate que nos estamos dando, y se complejiza porque militamos en espacios privados, estatales y de economía popular; con características muy disímiles.

O sea que los que atravesamos la etapa de los ‘90s hasta ahora somos conscientes que veremos frutos en el ámbito sindical en los próximos años, que es un trabajo a largo plazo y sumamente riesgoso en muchos lugares de trabajo donde la “santísima trinidad” de la alianza gobierno-patronal-burocracia afilan sus cuchillos para descabezar cualquier intento de organización sindical clasista y antiburocrática. Aún cuando algunos de nuestros compañeros y compañeras participaron de luchas importantes este último año, pero más que nada en términos defensivos y ante el avance de las patronales contra nuestras conquistas.

Y, de todas maneras, existe la gran mayoría de nuestra experiencia y actualidad en la militancia territorial amplia; en las organizaciones que son de alguna manera “herederas” del movimiento piquetero; pero que siguen afincadas sobre el territorio aportando a la organización por trabajo, economía popular, vivienda, educación, salud, luchas ambientales, etc.

6. ¿Qué tareas creen que tiene en el actual período el movimiento popular en general y el movimiento libertario en particular?

En la Región se percibe que todo un ciclo está llegando a su fin o, por lo menos, en vías de mutar o de retroceder en términos de los intereses populares y de los mínimos avances que se fueron dando durante la última década. En nuestro caso, puede que exista un pesimismo acentuado porque es muy fresca la victoria del candidato de la derecha argentina Macri en las elecciones presidenciales del pasado 22 de Noviembre.

Si bien podemos estar pecando de impresionistas, estamos convencidos que la recomposición burguesa va a venir esta vez de la mano de una clara política antipopular y de un ataque a los derechos democráticos que tanto nos costó conquistar.

Si bien no tengo miedo de equivocarme en decir que estamos en mejores condiciones generales como campo popular para resistir un avance antipopular en términos de organización, programa y experiencia, no podemos sustraernos a la profunda división de las organizaciones sociales y el poco peso específico de la militancia clasista en el mundo sindical, sobre todo en sus nodos estratégicos.

Nos parece central para esta etapa que se avecina, abordar dos cuestiones centrales para el movimiento popular. Primeramente, vemos que debemos reflexionar críticamente sobre los “años kirchneristas”, sobre nuestras limitaciones para poder desarrollar una alternativa popular independiente y combativa en una coyuntura eventualmente “favorable” que pasó. Los últimos cinco años al menos se vio un giro hacia posiciones electoralistas de gran parte de la izquierda argentina, en muchas ocasiones oportunistas y con programas apenas socialdemócratas y, a la vez, un grave inmovilismo de las fuerzas que podemos contabilizar de la izquierda revolucionaria de la que nos sentimos parte. En ese plano, como decíamos antes, es fundamental poder pensar estratégicamente un programa y una alternativa política de masas donde todas las tendencias podamos aportar, aunque no la pensemos en el corto plazo.

En segundo término, que el campo popular debe prepararse para una coyuntura en la cual puede existir un repliegue táctico hacia lo “conocido” por la clase trabajadora. Lo conocido es su barrio, su lugar de trabajo y allí debemos cavar trincheras justo delante de las conquistas y los derechos que se ganaron durante estos años, sin retroceder pero acompañando la experiencia de nuestra clase, debemos prepararnos para dar combate y respuestas en esos terrenos; utilizando las luchas de calles inteligentemente, pero donde lo central sea la organización en el lugar de trabajo, de estudio y en el territorio.

Por su parte el movimiento libertario debe estar a la altura de las circunstancias participando desde sus propuestas en estas tareas. Pero debemos entender que no existe un movimiento libertario con fronteras definidas en nuestro país, sino que debe reformularse y reconstruirse.

Existen una cantidad importante de compañeras y compañeros que podemos identificar parte de la franja militante del socialismo libertario, pero una inmensa dificultad para que nos organicemos coherentemente. No estoy diciendo que el problema se resuelve “administrativamente”, montando una organización que reúna tales características y nada más. El problema es claramente es político y de faltas de respuestas.

Creo que existe toda una ansiedad de trascender y de, supuestamente, salir de la marginalidad y “hacer política masivamente” por gran parte de la militancia libertaria; y estamos de acuerdo. El problema es que no profundizando nuestra línea política e ideológica: caemos en fórmulas fáciles y escapistas. O permanecemos como la “utopía del futuro” inmaculados, o “nos embarramos” tanto que vamos dejando de a uno todos y cada uno del núcleo duro del anarquismo.

Existe una “mistificación” del peronismo o de la supuesta clase obrera peronista como algo “novedoso” y yo creo que atrasa por lo menos tres décadas. Se especula con “entrismos tácticos” no confesados; y nos encontramos que es más fácil que la militancia nuestra, no formada y con objetivos no muy claros, se pierda ahí a que “ganemos” algo. Sin ofender, creo que tiene que ver con una cuestión de ver de afuera a esa clase obrera, desde una tradición muy pequeñoburguesa y estudiantil; y desde ahí no valorar el piso de conciencia que tiene la clase obrera peronista, pero sabiendo que debemos aportar a romper su techo y no aportar al confusionismo ni al desarme de una alternativa clasista independiente si “peronizamos” o bolivarianizamos nuestra política y definiciones. Por suerte, y por una construcción de años, tenemos el potencial que el anarquismo militante carece de un perfil gorila o antiperonista como las generaciones anteriores o como el troskismo; pero debemos cuidarnos de perder una especifidad ideológica todavía vigente y con infinitas posibilidades como la anarquista en nombre de una “modernización” que no es tal.

Nos gusta ver como ejemplos políticos y de procesos revolucionarios más la lucha del pueblo kurdo y su concepto de Confederalismo Democrático, con planteos muy cercanos a los clásicos del anarquismo, que el modelo del Socialismo XXI chavista, aun en el respeto de ese proceso. Nos parece que debemos contar y demostrar que el proceso revolucionario más esperanzador para nuestras clase y nuestros pueblos camina sobre los rieles de un socialismo sin Estado y profundamente antiautoritario y democrático como la lucha del pueblo kurdo; que ese es el futuro del Socialismo realmente y no los atajos reformistas y, pensando en Latinoamérica, nacionalistas populares. Nada más vigente, cuando hablamos de un futuro de Patria Grande latinoamericana que el planteo de una confederación democrática y socialista libertaria como nos demuestran las hermanas y hermanos kurdos y, en gran parte también las hermanas y hermanos zapatistas.


 

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