[Internacional] · Shimon Peres: un halcón disfrazado de paloma de la paz.


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Peres fue uno de los últimos de la generación de líderes políticos israelíes involucrados directamente en la fundación del Estado y una de las personalidades que marcó en varios momentos decisivos los destinos de Israel. Nobel de la Paz, reivindicado y aclamado por los grandes medios de comunicación de Occidente como una figura pacifista, la biografía política del interminable dirigente laborista israelí está embebida de tintes mucho más polémicos y contradictorios.


Por Joaquín Zajac, para Notas.org.ar · Fuente: acá.


Fundador del plan nuclear israelí

Nacido en 1923 en Polonia Shimon “Peres” Persky emigró a Palestina junto con su familia en 1935. En 1947, se sumó como miliciano de la Haganá, una de las principales organizaciones guerrilleras nacionalistas.

En 1953 obtuvo su primer cargo ejecutivo de importancia: ministro de Defensa. Sin embargo, no fue hasta 1957, al cabo de la “Guerra del Sinaí” cuando Peres participará directamente de una decisión que dejará huella en la historia de secretos, intrigas, violaciones al derecho internacional y decisiones militares unilaterales que caracteriza a Israel.

En septiembre de ese año, viajó secretamente a París para firmar con el primer ministro de Francia un acuerdo que convertiría a Israel en uno de los pocos países del mundo en contar con armas nucleares. El convenio implicaba la cesión de Francia a Israel de un reactor nuclear, junto con la asesoría técnica necesaria para ponerlo en funcionamiento.

Así, se dio inicio al Centro de Investigación Nuclear del Neguev, en donde, según testimonios de científicos, el gobierno israelí almacena uno de los arsenales nucleares más importantes del mundo. A la fecha, las autoridades continúan sin confirmar la existencia del armamento.

Su relación con los colonos: con adversarios así, quien necesita de amigos

Si de Itzhak Rabin puede decirse que -aún con limitaciones e inconsistencias-, fue el político “moderado” israelí con más determinación política para llegar a un acuerdo de largo plazo con el pueblo palestino, todo lo contrario puede decirse de Shimon Peres.

Durante décadas, representó dentro del laborismo a las tendencias más conservadoras de la sociedad israelí. Y esto principalmente por un motivo: su afinidad, abierta primero y subrepticia después con el movimiento sionista religioso, los colonos israelíes en territorio palestino ocupado. Tal como con el plan nuclear, a Peres puede endilgársele haber puesto la primera piedra de la aparición de dicho movimiento, que se convertiría en el mediano plazo en el principal obstáculo para cualquier solución política al conflicto entre israelíes y palestinos.

Consta en documentos partidarios de 1967 que fue uno de los impulsores de crear en los territorios recién ocupados por Israel en la “Guerra de los Seis Días” asentamientos judíos “temporales”, campos de trabajo que al mismo tiempo servirían como una primera línea de defensa para las grandes ciudades. Peres y los demás dirigentes del laborismo pensaban poder construir estos asentamientos sin desplazar a los habitantes árabes y que podrían ser desmantelados cuando fueran devueltos a los países árabes como prendas para futuras negociaciones de paz.

Con este enfoque, Peres  gestionó como Ministro de Defensa del primer gobierno de Rabin entre 1974 y 1977, que se establecieran en Cisjordania Ofra y Sebastia, los primeros asentamientos de Gush Emunim, un movimiento de sionista fundamentalista religioso.

Durante estos años, Peres mantuvo numerosas reuniones con estos grupos extremistas a quienes consideraba “buenos ciudadanos” y “verdaderos idealistas”, quizás porque veía en ellos los continuadores de la misma empresa que el sionismo de izquierda había impulsado hasta 1948: la colonización de porciones cada vez mayores de tierra palestina. Esta postura lo llevaría a mantener durante años una relación ambigua de sociedad y enfrentamiento con Rabin.

Dos años después de la derrota del laborismo frente al derechista Likud en 1977, y poco tiempo después de los acuerdos de Camp David de 1978 que implicaron la devolución de la península del Sinaí a Egipto, el ejército israelí se vio obligado a desmantelar las colonias allí presentes y expulsar por la fuerza a sus habitantes, desencadenando violentos enfrentamientos con los colonos. Peres pareció modificar entonces su posición, aterrorizado por la mala imagen de extremismo y violencia que daban al mundo las imágenes televisadas de estos enfrentamientos.

Pero de fondo no criticaba la visión de los colonos sobre el derecho territorial de los judíos a todo el territorio palestino. El principal problema que veía era el riesgo demográfico que implicaba: si Israel terminaba por ceder a la presión de los colonos y anexaba estos territorios, se convertiría en un país de mayoría árabe y dejaría de ser un Estado judío. Una visión muy similar a la que mantiene hoy día Avigdor Lieberman, dirigente de ultraderecha  y ministro de Defensa de Netanyahu.

No obstante esta visión aparentemente pragmática, poco hizo Peres desde sus cargos ejecutivos para impedir el avance de las colonias. Durante los 80, en los que fue primer ministro como parte de gobiernos de coalición con Likud, la expansión de las colonias continuó.

Tampoco en los años de los acuerdos de Oslo que lo impulsaron a la fama internacional como dirigente comprometido con la paz estuvo dispuesto a oponérseles con determinación.

Ni siquiera después del asesinato de Rabin, a manos de un extremista judío de una colonia ilegal de Cisjordania, torcería su posición.

Durante la campaña de 1996 en la que terminaría perdiendo con Netanyahu, Peres firmó acuerdos con dirigentes colonos para garantizarles que no discutiría la soberanía israelí sobre las colonias ilegales en las negociaciones con los palestinos.

La masacre de Qana: el halcón desenmascarado

En abril de 1996, Israel lanzó con Peres como primer ministro un operativo militar denominado “Uvas de Ira”, con foco en el Líbano con el objetivo terminar con los ataques que llevaba a cabo desde este país la organización islamista chiita Hezbolá. En solo 16 días, fuerzas armadas israelíes llevaron adelante alrededor de 600 bombardeos con un total de 175 muertos, la mayoría de ellos, civiles. La mayor parte se produjeron el 18 de abril, cuando el ejército israelí asesinó en uno de los bombardeos a 100 refugiados en un campo de la ONU situado en la ciudad de Qana, al sur del Líbano.

Israel declaró que fue un “accidente”. Sin embargo un lapidario informe de la ONU concluyó que el bombardeo había sido probablemente deliberado.

Acaso como en una paradoja, el mismo año de la tragedia, Shimon Peres fundó un “Centro para la Paz” que lleva aún hoy día su nombre.

Homenajeado en todo el mundo occidental como un pacifista comprometido con una solución de largo plazo, fue uno de los principales responsables del actual estancamiento de las negociaciones. Shimon Peres fue el dirigente que impulsó el giro cada vez más belicista, intolerante y colonial que lleva a Israel hacia un creciente aislamiento internacional.


 

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