[Artículo/Comunicado] · ¡Contra el machismo dominante Anarquismo Militante!


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Actividad de la FAR en el Encuentro Nacional de Mujeres.

    Por Federación Anarquista de Rosario | 14/10/2016


El valor del concepto patriarcado, como forma de nombrar lo invisibilizado y de evidenciar su carácter sistémico; así como el valor del concepto de género para poner de relieve la construcción cultural que encierra este tipo de opresión, y por tanto, susceptible de transformación, adquiere una dimensión programática, ya que a partir de estos se pueden articular una serie de reivindicaciones, desde los movimientos populares, en torno a los efectos o expresiones que la opresión machista tiene en las distintas esferas del ámbito social. De esta manera, la lucha contra la violencia machista y homofóbica, por el derecho al aborto, por el acceso a la salud sexual y reproductiva, contra la discriminación salarial de las mujeres, por la democratización de las tareas domésticas y de cuidado; no sólo nos permite avanzar, al tiempo que se consolida una fuerza antagónica a la dominante, sino que permite ir profundizando y develando aquellos mecanismos que obstaculizan y limitan la capacidad de decidir sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos. Teniendo en cuenta todo lo expuesto, se nos presenta el desafío de delinear estrategias concretas para que nuestra militancia social y política promueva y fortalezca la lucha contra el patriarcado, como parte configurativa del sistema de dominación actual, contextualizada en nuestro lugar y tiempo.

¡Contra el machismo dominante Anarquismo Militante!

Apuntes feministas desde la óptica del anarquismo organizado

VoluntaD Nº3

 

Nos parece oportuno en esta edición especial, en el marco del XXXI Encuentro Nacional de Mujeres, delinear algunos aspectos fundamentales sobre el lugar de la lucha feminista entorno a nuestra propuesta política anarquista desde un sentido amplio e integral.

Debemos ubicar ésto en el marco de un análisis acerca del sistema de dominación capitalista actual, que se construye en base a la teoría de la interdependencia de las esferas política-jurídica-militar, económicas, ideológico-cultural. En este sentido, entendemos que las relaciones de poder se encuentran presentes en todas las relaciones sociales, impregnando a la sociedad de forma capilar, y de esta manera el poder penetra en las relaciones cotidianas y en las vidas de todos nosotros/as.

No creemos que se trate de “añadir” el feminismo como algo más, ya que sería una declamatoria vacía y oportunista. Sino por el contrario consideramos que la lucha contra la opresión machista es de primer orden para un proyecto que busca la ruptura revolucionaria contra el sistema de dominación. En este sentido, el considerar este tipo de dominación, no sólo implica abordar las problemáticas que se desprenden de allí, sino que modifica la forma en que entendemos y enfrentamos los otros tipos de opresión.

En primer lugar, entendemos al feminismo –en nuestro caso el anarco-feminismo- como una praxis, en permanente construcción. Así, consideramos que la lucha feminista es altamente valiosa, ya sea desde su manifestación en las luchas concretas como en la intensa búsqueda de marcos teórico-conceptuales que permitan comprender y caracterizar la opresión.

Creemos pertinente dejar en claro que valoramos los diferentes aportes teóricos que desde distintas corrientes del feminismo han elaborado. Por ejemplo, las feministas de la igualdad plantearon la necesidad de establecer derechos universales en tanto personas, independientemente del sexo. O cómo la teoría queer, nos advierte a nunca bajar la guardia sobre los mecanismos de dominación que incluso interfieren en la creación de conceptos como patriarcado o género (o sexo), viciadas de la lógica dicotómica (hombre/mujer), imposibilitando o reprimiendo la existencia de otras formas de experimentar la sexualidad y la construcción de las identidades.

Sin embargo, a pesar de que reconocemos que los aportes hechos han sido de gran ayuda para la militancia cotidiana, debemos distanciarnos de otros planteos de dichas corrientes, que nos conduce a hablar de anarco-feminismo como parte intrínseca de nuestro proyecto. Muchos de esos planteos, en términos políticos-programáticos tienden a la institucionalización de la lucha feminista; llevando a propuestas de igualdad como el acceso igualitario a los mecanismos de dominación (aspirar a tener mujeres presidentas, empresarias, legisladoras, líderes, etc.); lo que evidencia un claro “olvido” del resto de las múltiples formas de dominación que atraviesan la realidad compleja y que configura la lucha de la clase oprimida por la emancipación. Negamos cualquier estrategia de institucionalización estatal de nuestra lucha, ya que no sólo no podemos concebir el patriarcado sin el estado y viceversa, sino que cotidianamente padecemos como el estado ejerce el poder de dominación machista de manera material y simbólica (disciplinamiento corporal e identitario, discriminación a las mujeres, proxenetismo, etc.).

También, nos apartamos de posturas que llevan a la inacción o negación de la capacidad de transformación; Desde esta óptica se considera que toda acción organizada es en definitiva resultado del sistema de dominación, lo que consideramos lleva a una práctica inmovilizante que termina reproduciendo el mismo sistema que se busca combatir.

Nuestra propuesta es la de crear y fortalecer poder popular autogestivo, a través de la organización, consolidación y superación de la fragmentación del campo popular. Es en el marco de las organizaciones populares, que la clase oprimida construye su resistencia a la dominación, donde encontramos el sustento de la lucha feminista. E insistimos, no agregando términos inclusivos y proclamas, sino luchando y reflexionando en código feminista.

Entendiendo entonces que la respuesta es organizada y popular, es que para nosotras/os el concepto de patriarcado –y género- son necesarios y estratégicos, lo que nos lleva a resignificarlo, con todos los recaudos que requiere para dejar de lado su costado totalizador y dicotomizado. Así, creemos que el patriarcado es el conjunto de mecanismos que de forma sistémica condiciona el modo de organización social, en donde por un lado, sobre la base de un sistema sexo-genérico, se establecen relaciones asimétricas de poder a favor de los varones y, por el otro, se produce el establecimiento de la heteronormatividad, a través de la represión de la homosexualidad.

El valor del concepto patriarcado, como forma de nombrar lo invisibilizado y de evidenciar su carácter sistémico; así como el valor del concepto de género para poner de relieve la construcción cultural que encierra este tipo de opresión, y por tanto, susceptible de transformación, adquiere una dimensión programática, ya que a partir de estos se pueden articular una serie de reivindicaciones, desde los movimientos populares, en torno a los efectos o expresiones que la opresión machista tiene en las distintas esferas del ámbito social.

De esta manera, la lucha contra la violencia machista y homofóbica, por el derecho al aborto, por el acceso a la salud sexual y reproductiva, contra la discriminación salarial de las mujeres, por la democratización de las tareas domésticas y de cuidado; no sólo nos permite avanzar, al tiempo que se consolida una fuerza antagónica a la dominante, sino que permite ir profundizando y develando aquellos mecanismos que obstaculizan y limitan la capacidad de decidir sobre nuestras vidas y nuestros cuerpos.

Teniendo en cuenta todo lo expuesto, se nos presenta el desafío de delinear estrategias concretas para que nuestra militancia social y política promueva y fortalezca la lucha contra el patriarcado, como parte configurativa del sistema de dominación actual, contextualizada en nuestro lugar y tiempo.

Primeramente, consideramos la necesidad de establecer, por un lado, mecanismos que garanticen el tratamiento específico de las problemáticas propias de las opresiones patriarcales, y por otro transversalizar la mirada de género ya que, como se dijo más arriba, tiene expresiones en todos los ámbitos de la vida, y no hay acción que sea neutral al mismo.

Sumado a lo anterior, otro elemento importante a tener en cuenta es cómo encarar la lucha feminista sobre una tradición de organizaciones sociales-políticas desarrolladas en función de ciertos ámbitos donde la dominación se expresa, y que podría llegar a presentar algunas limitantes. Entre las que se destacan, la sectorización y que dichas tradiciones encierran muchas veces lógicas machistas, donde los roles de género han marcado, y aun marcan en muchos casos, restricciones a la participación de las mujeres.

Apuntamos desde la FAR a fomentar organizaciones sociales (movimientos territoriales, gremios, sindicatos, centros de estudiantes, etc.) que sean capaces de abrazar la lucha feminista, no solo desde las reivindicaciones propias de la temática sino también donde se haga una revisión constante de las lógicas machistas que atraviesan a las propias organizaciones.

De esta manera, buscamos evitar en nuestra práctica una especialización de la lucha feminista apuntando a revertir la fragmentación existente en el campo de las luchas sociales, sin generar una jerarquización de las opresiones que pueda devenir en un abandono del trabajo de base y la perspectiva de clase.

Entendemos que como militantes debemos aportar a que exista un equilibrio entre especificidad y transversalización dentro de las organizaciones de las que somos parte. Es decir, que puedan existir espacios específicos -traducidos en cambios estructurales formales o no- pero que la mirada feminista pueda atravesar toda la vida de dichas organizaciones.

A fin de sintetizar en este artículo la propuesta, creemos que existen dos ejes articuladores que podrían orientar la tarea al corto plazo:

  • Participación. Este eje es fundamental para toda nuestra estrategia anarquista, fomentar la participación como la recuperación de la capacidad de decidir, como meta y como metodología de las organizaciones populares. En este marco, la dimensión de género nos obliga a pensar cuáles son las limitantes para la participación de las mujeres, o mejor dicho de todas las personas que no encajan en el estereotipo de varón heterosexual, que el patriarcado refuerza constantemente. En este sentido, no sólo se deben asegurar mecanismo formales que garanticen la participación, sino que se deben revelar y combatir aquellos dispositivos no formales –invisibles- de carácter machista que obstaculizan la participación; no sólo en temas referidos a la lucha feminista o “de mujeres”, sino en toda las actividades de las organizaciones, buscando deconstruir aquellos roles asignados históricamente. Esto requiere un acompañamiento activo de dicha promoción con acciones de formación y reflexión en torno a esta temática. Pero, además, participar en términos autogestivos, implica que las compañeras sean/seamos protagonistas. Que nos reconozcamos como sujetos políticos capaces de transformar la realidad y transformarnos.

    En este contexto, retomamos el concepto de voluntad de E. Malatesta, como la fuerza “capaz de producir efectos nuevos, independientes de las leyes mecánicas de la naturaleza, es un presupuesto necesario para aquellos que sostienen que es posible reformar la sociedad”, para relacionarlo con la aceptación y celebración que también somos seres deseantes, y que nadie mejor que nosotras mismas sabemos lo que queremos. Bien era expresado por las compañeras del periódico La Voz de la Mujer: “…hemos decidido levantar nuestra voz en el concierto social y exigir, exigir decimos, nuestra parte de placeres en el banquete de la vida”.

  • Construcción de una agenda reivindicativa, que permita visualizar las problemáticas sectoriales, como expresiones del patriarcado en distintos ámbitos, así como otras más generales (aborto, violencia machista, entre otras); buscando enlazar ambos niveles, de forma de ir desenmarañando los mecanismos de dominación existente. La construcción de esta agenda, creemos debe ir involucrando paulatinamente a todos los miembros de la organización, tanto en términos de delineamiento como de la lucha en la calle. De esta forma, se pretende que las organizaciones se apropien de la agenda de forma cabal y asignándole el lugar de importancia que creemos debe tener.

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